17 de Enero, 2007


Automatic for the People

Cuando me preguntan por el disco de mi vida, mi respuesta es rápida y clara: Automatic for the People. Desde la primera escucha me cautivó. Y cada revisión que hago de él, lo confirma. Por supuesto, y como bien dijo el killo en su reseña de NAIHF, no pretendo afirmar que es el mejor disco de la historia de la música. Sonaría pretencioso. Ni tan siquiera el mejor de R.E.M. Sonaría tópico. Pero es mi favorito. Y dudo que ninguno de los que pueda escuchar le quite el honor. Decía Enric González que  "un momento mágico es una puerta abierta al sueño". Y eso es para mi. Doce momentos mágicos. No nos engañemos. R.E.M. venían de un pop muy dulce -en algunas canciones, diabético- con Out of Time. Y para una gran parte de la gente, R.E.M. estaba asociado a ese sonido. Pocos conocían la trayectoria anterior. Así que para todos ellos, Automatic for the People (AFTP) fue un shock. Hubo quien lo asimiló y quedó prendado para siempre. El resto, lo olvidaron tan rápido como lo escucharon y R.E.M. quedó para ellos unido para siempre a Losing my Religion, Shiny Happy People y, como mucho, Everybody Hurts y Man on the Moon. Nada más.

Pero AFTP es una obra maestra con un punto en común, la melancolía. El disco rebosa tristeza, pérdida, muerte, pero es la melancolía la que une todo. Las letras, la música y la producción. En aquellos momentos, R.E.M. era el centro de todas las miradas del mundo de la música. Después del éxito mediático de Out of Time, ¿qué vendría después? El grupo estaba en el punto clave de su carrera. Peter Buck acababa de separarse y Michael Stipe vivía el lado amargo de la fama. Podían haber repetido el esquema exitoso, pero ellos nunca han seguido el camino más fácil. Lo que quizá nadie esperaba era que apostaran por un disco, donde la pérdida y la nostalgia fueran los puntos fundamentales. Naturalmente, el proceso no fue instantáneo. R.E.M. ya había apuntado pinceladas del sonido que explotarían en AFTP. Low, Half a World Away, You Are The Everything o, incluso, King of Birds ya eran esbozos de lo que estaba por venir. Ya desde las primeras notas, AFTP se revela como un disco oscuro y sombrío. Pesimista y reflexivo. Craig Rossen escribió que consistía en una serie de "canciones de cuna con feedback". Stipe dijo que se trataba de "un disco de punk-rock tranquilo". En esencia, una serie de canciones folk que se mueven en un equilibrio perfecto entre la desesperación y la esperanza. En un equilibrio insolente.

El disco se inicia con Drive. Pocas veces veremos una apertura de una grabación con una canción tan oscura y siniestra como ésta. Y a pesar de que, tal y como avanza la música, se puede intuir un salto en cuanto a su condición, es Stipe con su interpretación quien la retiene y quien le da ese aire depresivo. Es como si quisiera indicar que esos "chicos" a los que canta Michael, en realidad no tienen más remedio que rendirse a la evidencia. No hay salida. A pesar del punteo de Buck.

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