4 de Julio, 2007


Crónicas de Dublín

Lo prometido es deuda y aquí estamos de regreso de Dublín  para contaros todo lo que pasó durante las dos primeras noches de conciertos de R.E.M. en la ciudad irlandesa. Y sí, digo dos porque finalmente tuvimos la suerte de verlos el sabado y el domingo.

Para empezar, comentar que el número de temas nuevos estrenados superó todas las expectativas (10 + la ya conocida I'm Gonna DJ), que tocaron algunos temas bastante antiguos que en algunos casos hacía lustros que no tocaban (o incluso décadas), que no cayeron las canciones habituales (ya sabeis, Losing my Religion, Man on the Moon, Imitation of Life, Everybody Hurts, The One I Love, etc.) y que los "conciertos" fueron algo breves (unas 19 canciones) aunque algo perfectamente perdonable. Si algo eché de menos en las dos últimas ocasiones que pude verlos en directo (Zaragoza y Londres en Hyde Park) fué el encontrarme canciones que no hubiese visto antes en vivo y apenas pudieron sorprenderme con Get Up en Zaragoza y con ese E-bow the Letter en Londres. Este sabado ocurrió absolutamente todo lo contrario, y solo las dos últimas, Electrolite y I'm Gonna DJ las había disfrutado anteriormente en un concierto. Dicho esto, pasemos a hacer la crónica de este fin de semana y a contaros las primeras sensaciones que me ha transmitido el abundante material nuevo.

El ambiente en el precioso Olympia Theatre de Dublín era digno de verse. Fans llegados desde todas las partes del mundo haciendo cola para entrar, haciendo cola para recoger entradas, otros sin entrada aferrados a la esperanza, muchas zonas vips en el interior donde se pudo ver a Bertis y su mujer, a las hijas de Peter así como a familiares, amigos, enchufados varios y parece ser que celebridades como Bono y The Edge de U2 o Sinead O'Connor. La ocasión lo merecía.

A las 8 de la tarde, y con el teatro llenándose poco a poco David Kitt intentó defender su repertorio ante un público con ganas de volver a ver a los de Athens después de 2 años. Pasó desapercibido, pero después nos llegó el primer aviso de que no estabamos ante un concierto convencional: "This is not a Show" fueron las palabras que pudimos leer sobre el fondo del escenario antes de que R.E.M. hiciesen acto de presencia, y efectivamente lo que ibamos a ver estaba lejos de ser el típico concierto del grupo, sino mas bien la posibilidad de poder ver a la banda como si nos hubiesemos colado en el estudio de grabación. Por fin, a las 21:20 h. el grupo apareció sobre el escenario, por primera vez en muchos años como quinteto, ya sin Ken Stringfellow y con los habituales Scott McCaughey y esa mala bestia llamada Bill Rieflin a la batería.

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