9 de Enero, 2008


Sensaciones a 81 días vista

Desde que Bill Berry dejó la banda y el perro-con-tres-patas tuvo que aprender a caminar de otra manera, me hice una composición mental de lo que sería el final de R.E.M. En aquellos tiempos se habló mucho de la posible disolución del grupo y eso me hizo pensar cómo acabarían sus días. ¿Llegarían a un acuerdo con Warner para rescindir el contrato y dejarlo? ¿Se arrastrarían cual dinosaurios tipo Stones, tocando Man on the Moon hasta el final de los tiempos? ¿Se separarían al iniciar el nuevo siglo como auguraban los rumores? ¿Iniciaría Stipe una carrera en solitario, dejando a Peter con sus colaboraciones y a Mike con sus palos de golf?
 
Ninguna de esas teorías me convencía. Después de escuchar Up y, sobre todo, Reveal, tomé partido por la idea de que habían escogido apagarse poco a poco. No hablo de calidad de discos; me refiero a la idea de una llama que se apagaba poco a poco, año tras año, hasta que cumplieran su contrato y lo dejaran tras una última gira, con cinco noches finales en Atlanta, claro (¿verdad, Ark?). No habría grandes sorpresas, ni cambios de estilo, no aparecería un sorprendente Monster, no grabarían en la carretera, ... Más de una década después, ¿ha cambiado algo respecto a lo que pensaba?

El caso es que ahora se les ve diferentes. Vuelven a promocionar un disco implicándose al máximo. Con los Working Rehearsals de Dublín. Algo inédito, que yo sepa. Con una web inquietante que día a día nos desvela (o nos enreda) con nuevos detalles. Están consiguiendo ilusionar a sus fans. Reconozco que no he oido ninguno de los temas que tocaron en Dublín. Miento. Escuché un poco -muy por encima- el bootleg de la primera noche. Pero no recuerdo ni un acorde de las nuevas canciones. Ni las escucharé hasta que sea el momento. Soy de los románticos, ..., antiguos, no ... no es la palabra exacta. Soy de los que esperará al 31 de marzo a ir a la tienda. Que volverá a casa nervioso. Que esperará a tener el tiempo suficiente para disfrutar de cada detalle. Quitar el plástico retractilado. Echar un primer vistazo al artwork. Y a los créditos. Desconectar el móvil. Poner el CD con extremo cuidado en el equipo. Colocarse los auriculares. Y que cerrará los ojos para disfrutar durante algo más de una hora de aquello que han conseguido durante mi vida con cada disco. Hacerme sentir feliz.

¿Será el canto del cisne? No lo sé. El caso es que ya no veo que languidezcan sin remedio. Morirán a lo grande. Y eso, en un grupo de su trayectoria, es digno de elogio. Por encima de la calidad musical del disco.