Fables of the Reconstruction

Y llegó el día. Un día malo, todo hay que decirlo, entre el calor y el hastío del fútbol ponerse a comentar un disco como Fables of the Reconstruction no es algo que surja espontáneamente. Sin embargo, el hilo conductor que voy a seguir sí que tiene elementos en común con la gestación del disco por lo que, haciendo honor a su nombre, voy a contaros un cuento, una fábula sobre la vida, que llega a un punto en que hay que reconstruirla, derribar los cimientos que otros construyeron por tí y comenzar a levantarte por tu propio pie.

Hoy un amigo se marcha lejos de la ciudad que lo vio crecer para buscar su camino, un camino que antes emprendieron muchos y que no tiene señales que indiquen cuanto falta para llegar. Hace 25 años REM emprendió otro camino, cruzando el Atlántico desde Athens hasta Londres donde a las órdenes de Joe Boyd tuvo que derribar los cimientos con los que habían construido en Murmur y Reckoning para enfrentarse al reto de hacerse mayores y sentar las bases de lo que, a partir de entonces, iba a ser su sonido. Hace unos meses Peter Buck ha vuelto a repetir el trayecto que lo llevó hasta los estudios Livingstone a recuperar parte de su propia historia.

Dice Peter en sus notas del libreto interior de esta edición deluxe que no es cierto que REM odie este disco, al contrario, que es uno de sus favoritos. Un disco que solo podría haber hecho REM, con una atmósfera tan densa y sobrecargada que ha llegado a crear un pequeño mundo interior alrededor de sus canciones lo que ha permitido verlo como un ente con vida propia, alejado del resto de sus trabajos. Todos conocemos, porque hemos hablado a menudo de ellos en el blog, los problemas de adaptación del grupo, del mal tiempo londinense, los atascos, la mala comida anglosajona (hay cosas que no cambian) y el aislamiento al que estuvieron sometidos sin ni siquiera una televisión para evadirse. Después de estar de gira durante casi cuatro años, había llegado un momento en que entraban al estudio sin ideas, enfadados y con las fechas de entrega cada vez más cerca. El único disco que podía salir de todo aquello fue Fables.

Yo era un microbio por aquella época pero la cara que se le tuvo que quedar a los que compraron el disco y empezaron a escuchar Feeling Gravitys Pull en el plato, debió ser parecida a la que se me quedó a mi en las navidades del 98 cuando puse Up por primera vez, o a mi madre cuando entró en el salón con la merienda poco tiempo después mientras yo estrenaba el VHS del concierto del Rockpalast de 1985 y vio a Michael con el pelo oxigenado, con Ronald McDonald pegado en la espalda y con una chaqueta con las mangas 3 tallas mas grande. Es graciosa la cara que se le queda a la gente al oir esta canción. Por cierto, a partir de entonces los Reyes Magos dejaron de ponerme discos.

Tras la dificil digestión inicial, la triada Maps and Legends, Driver 8 y Life and How to Live It marcan el punto álgido del disco, sobre todo para aquellos que no les gusta Fables. Tres temas que hilvanan perfectamente bien lo que comentaba al principio: una partida, un trayecto y una forma de andar el camino. Casi como si fuese la banda sonora de una despedida, vamos pasando de los lamentos iniciales a la emoción de irnos abriendo paso a través de las vías del tren y poco a poco sentirnos como Brivs Mekis cuando dividió su casa en dos mitades y se cambiaba de lado cuando se aburría de la monotonía de su parte del muro. Sin embargo, al igual que Mekis, REM anhela cambiar el oscuro Londres por su lúcida Georgia, cambiar de casa y de ambiente porque se ha aburrido de su situación actual. Sin embargo el camino recorrido no ha sido en vano, Maps and Legends fue la canción favorita de Michael durante mucho tiempo, Driver 8 siempre ha hecho las delicias de muchos amigos del foro como Disa o Mabi y ver Life and How to Live it en directo o que te salte en el random del coche es una descarga que ni todo Accelerate ha podido igualar.

Lamentablemente, este viaje puede acabar mal. Podemos no encontrar nuestro destino y acabar como el dúo Peter Fonda, Gene Hackman o como Old Man Kensey un pobre perdedor bastardo, antesala de New Test Leper. Volvemos a la sordidez inicial del disco de manera necesaria ya que se mire por donde se mire Old Man Kensey es un tema que no encaja bien en ningún lugar del disco pero está aquí, justo después del subidón guitarrero anterior para molestarnos y recordar que si no tenemos cuidado nos podemos pasar de estación, equivocarnos de vía o acabar en un túnel bajo la montaña sin salida.

Por contra, la inmediatez de Can't Get There From Here, que abría la cara B del vinilo original, siempre ha jugado para mi en su contra. Un tema estúpidamente estúpido que animó las ventas del disco y llevó a mucho despistado a los conciertos del Reconstruction Tour. A pesar de la original instrumentalización que eligieron, nunca me ha llegado a convencer, aunque he de reconocerle el mérito que tuvo la realización de ese video tan castizo con Jefferson Holt haciendo siniestros cameos y donde solo faltaban el Koala y sus gorrinos y gallinas. Menuda forma de quitarse la timidez del video de So Central Rain.

Una vez pasado el ecuador del disco, lo que queda parecen retazos de un mal sueño. Nunca vamos a notar que estamos a salvo de los acontecimientos hasta que estemos justo al final del camino, cuando ya te has establecido y sabes lo que hay. Mientras tanto la incomodidad nos va a acompañar en forma de obstáculos,  como Green Grow the Rushes, un tema por descubrir para la  mayoría, que bebe de una falsa candidez disfrazada de una vida de trabajo duro, el precio a pagar por la libertad cuando las condiciones no son las más seguras. La siguiente piedra en el camino es la ausencia y la lejanía,  con comparación cósmica de por medio, como trama de la canción más floja del disco: Kohoutek, un tema casi inédito en la carrera de REM. El agobio de una cadena de producción, de un trabajo monótono, una vida alienada... todo eso es Auctioner (Another Engine), un coletazo que nos azuza sin llegar a enrabietarnos, una prueba de masoquismo consentido que mejor resume la estancia de REM en Londres y que bien valdría para relatar algunos acontecimientos actuales. Curiosamente sonaba mejor con el estilo del Fables que con el nuevo con el que la repescaron para la gira de Accelerate.

Y por fin, tras el calamitoso camino, parece que ya empezamos a vislumbrar un final. Y a estas alturas casi cualquier final es bueno. Good Advices nos anima a dejar los problemas atrás, a calarse el sombrero y a mirar adelante pero juega con la amargura de haber llegado hasta tan lejos sin compañía. Por último Wendell Gee pone un dulce y extraño contrapunto country al disco de una forma suave y sosegada. Nuestro último destino es nuestro hogar, no es el original pero es el que hemos aprendido a querer como si lo fuera. No queda tiempo casi para decir adios a todos, el viento y nosotros silbamos cuando la reconstrución está lista y terminada.


Bueno, para mañana los comentarios sobre la edición Deluxe, el disco de extras y algunas cosillas más.